Lizy Tagliani, a corazón abierto: de la acusación de abuso de menores mientras adoptaba un hijo al hecho de ser la malvada directora del orfanato en Annie

Ella misma sale a abrir la puerta y saluda al vecino que ocasionalmente pasa por la vereda. En esa “casa gigante”, como la llama su hijo, Lizy Tagliani vive con su marido Sebastián Nebot y el pequeño Tati. “Tengo seis trabajos”, dice, mientras se peina y se maquilla para las fotos. Se levanta todos los días muy temprano -a las cuatro y media de la mañana, sigilosamente, para no despertar a nadie-, para hacer radio en la Pop y este último tiempo, ensaya casi todos los días, en jornadas de muchas horas, para el estreno de una comedia musical que despierta enormes expectativas, sobre todo en una generación que ya vio la puesta anterior y ansía volver a ver Annie sobre un escenario.

Lizy Tagliani, a corazón abierto: de la acusación de abuso de menores mientras adoptaba un hijo al hecho de ser la malvada directora del orfanato en Annie
Lizy Tagliani, a corazón abierto: de la acusación de abuso de menores mientras adoptaba un hijo al hecho de ser la malvada directora del orfanato en Annie

Lizy será la temida directora del orfanato Miss Hannigan y habrá tres niñas que alternarán para interpretar a la pequeña huérfana que espera, infructuosamente, que sus padres biológicos vuelvan a buscarla.

“La estoy pagando en cuotas, pero cuotas de palabra. Y no confían en mi palabra porque sea Lizy Tagliani, famosa, sino porque soy el hijo (sic) de Tina”, dice sobre su casa en Adrogué. “Esta casa era de los papás de unos amigos. Y cuando se puso en venta me dijeron que les diera lo que tenía, que era un departamento en Belgrano. Y el resto, que lo pagara como pudiera”, cuenta.

Ahora es un hogar de tres -si sumamos a las mascotas, son muchos más los habitantes de la casa: seis perros y dos gatos-, que tiene rutinas de familia. Un rato antes de esta nota, fueron a comprar el uniforme para que Tati estrene en su preescolar.

Sentada de espaldas al jardín, se anticipa a las preguntas y cuenta. Habla de su familia, de sus trabajos, de la exposición mediática que tuvo el año pasado. De todo. Mientras, en la pileta del jardín flotan juguetes inflables y los perros corren entre hamacas, tobogán, cama elástica, miniarco de fútbol… que ocupan el fondo verde del lugar. La parrilla en el quincho se enciende los fines de semana, cuando reciben visitas; aunque Lizy reconoce que no es una anfitriona dedicada: a lo sumo, pone la mesa.

“La tele, el streaming, la radio, el teatro, el proyecto que comparto con Humberto Tortonese y la familia”, enumera sus ocupaciones, aunque actualmente no están todas vigentes. “La gente me pregunta por La peña de Morfi, pero les digo que todavía no sé nada”, dice, despreocupadamente, ya que asegura que si un trabajo se termina, no se hace problema. Tati aparece en el medio de la charla y ella lo presenta: “El es mi hijo”. Como cualquier niño, reclama a su madre, se ríe mientras mira la tele y le despierta curiosidad la cámara con la que le hacen las fotos a Lizy.

“¡Y la facultad!”, suma a la lista de tareas. Es alumna de la carrera de Abogacía en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. “El año pasado dejé, porque tuve un problema grande y me quería concentrar en el trabajo y la familia. No estaba emocionalmente en condiciones”, dice, sin que se le pregunte e introduce el tema que la tuvo en el ojo mediático no hace tanto tiempo atrás.

“Ahora estoy esperando para anotarme en las materias”, dice, ya decidida a retomar los estudios. El “problema grande” hace referencia a la denuncia que Viviana Canosa hizo, en la que vinculó a Lizy con un caso de abuso de menores. “Estábamos en plena etapa de adopción del nene, así que fue un golpe muy fuerte, como hubiera sido para cualquiera. Todas las barbaridades que se dijeron de mí me golpearon y mucho más por el tema del nene”, dice y se quiebra mientras recuerda lo que transitó a partir de abril del año pasado.

Transcurrió el tiempo y la adopción definitiva del niño se concretó. Pero las graves acusaciones y el revuelo mediático que se generó -a pesar de sentirse siempre acompañada y abrazada por sus afectos y por el público-, dejó marcas. A pesar del tiempo que ya pasó desde entonces, “sigo recordando todo eso con mucho dolor. Y siento mucha bronca, porque nadie, ni la persona que dijo lo que dijo sobre mí, ni su entorno, ni quienes avalaron sus palabras, ni el canal ni los directivos, nadie levantó el teléfono para invitarme a un café. Eso no sucedió. Ni siquiera en la instancia penal. Recién cuando los intimé en la parte civil, respondieron; me da mucha bronca que sea la plata lo que le duela a la gente y que no hayan sido capaces de pedir perdón”, declara.

“Como dije desde el primer día, voy a llegar judicialmente hasta donde tenga que llegar. Ahora está la parte penal en curso; después de la feria tendría que haber definiciones”, agrega.

-¿Por qué elegiste Adrogué para vivir?

-Porque acá está toda mi historia. Acá, a dos cuadras, viví con mi mamá toda la vida. Hace un año que estamos en esta casa y es el lugar para vivir y para morir, si Dios quiere y la puedo mantener. Nunca me moví demasiado de acá. Representa mucho Adrogué para mí, sus cuadras, ir al centro… A mi mamá la conocía todo el mundo. Mi mamá era mucama y todo lo que ya conté de ella. Para mí, la mayor riqueza de mi familia es la decencia, la honestidad. Por eso me shockeó mucho que se pusiera en riesgo todo eso.

Y vuelve, sin que se lo pidan, a hablar de los sucesos mediáticos del año pasado. “Yo tenía el culo limpio, como se decía antes. No es que a partir de lo que se dijo yo me puse a pensar ‘a ver si cuando yo tenía 25 años había estado con alguien…’. No había cabida para que eso hubiera sucedido. Y no porque a mí me importara lo que dice la ley con respecto a eso; es una cuestión racional de que no puede suceder”, expresa.

“También fue un gran aprendizaje. Fue muy fuerte ver mi imagen al lado de la imagen de Loan, y que hablaran de mí… Para mí, no puede existir un daño peor. Y lo que siempre dije, desde el minuto uno: si alguien creía que yo era abusadora de menores, sabiendo que estaba por adoptar, ¿por qué esperó un año y pico desde que el nene ya estaba conmigo para decirlo?”, se pregunta. “Si era así, tendrían que haberme frenado cuando yo dije que iba adoptar”, concluye.

-¿Qué consecuencias tuvo en tu vida personal y profesional todo lo que pasó?

-En ese momento, grandes marcas dejaron de acompañarme. En Olga, pasé de estar todos los días a salir tres veces por semana, aunque aclaro que nunca me soltaron la mano. Yo les pedí a los que me habían contratado que esperaran, que me dieran la oportunidad de que se aclararan las cosas. Porque por solamente que alguien diga algo de vos, no se puede parar todo. Sí perdí un par de contratos que tenía en el interior. Pero la gente siempre me creyó.

“Y hubo un stand by con respecto a la adopción definitiva”, dice y agradece el trabajo del juzgado que se ocupó del tema. Ahora, mientras sigue batallando en la justicia, Lizy recuperó su vida habitual. Y se prepara para un nuevo desafío. Por primera vez hará comedia musical. Y eso la entusiasma.

Un clásico del teatro musical

En 1982, cientos de niñas se presentaban al casting para ser la protagonista de Annie. En una época en la que los realities no estaban de moda, la recordada Pinky conducía un programa que era una audición abierta y televisada para elegir a la protagonista del musical. El rating medía alto, todos hablaban de Annie. Pero Lizy en ese entonces ni supo de ese suceso. Es más: esta cronista le contó aquello que hasta hace un rato desconocía. Fue Pinky (Lidia Satragno) quien entonces produjo ese musical. “Yo ni me enteré de eso”, reconoce.

“Es malvada, pero a la vez se cree sexy. Quiere conseguir el amor y a la vez detesta a las niñas que cuida”, dice de la Miss Hannigan de Annie. “Siento que estoy ocupando un lugar que le pertenece a alguien que se preparó toda la vida para un musical. Yo veo a los demás, cuando llego a los ensayos, que están con la pata en la cabeza, preparando su garganta… Y quiero que el que vaya a verme, perteneciendo a ese mundo, vea que me esforcé, que se note que me preparé”, dice. “Bailar es lo que más me cuesta. Pero estoy chocha con el entrenamiento”, dice.

“Honestamente, nunca fui mucho al teatro. Fui de muy grande a conocer lo que era un teatro. Una vez me invitó una señora, que era clienta de la peluquería, a ver Sweet Charity, con Florencia Peña. Y en un momento se prendieron las luces, la gente aplaudió y yo me fui. Y después me enteré que me había ido en el intervalo…”, recuerda. “Al principio no iba al teatro ni al cine por falta de recursos, hasta los 5 años. Pero después, mi mamá se casó con la persona para la que trabajaba y la realidad nos cambió. Pero ahorraban para distintas cosas, y no hacíamos salidas”, cuenta.

“Canto y bailo. Hace un año que me estoy preparando”, asegura. “Me encanta. Soy muy responsable. No seré la más talentosa, pero soy la más responsable. Creo que todos los trabajos que tengo, los tengo por responsable y no por talento…”, dice. “Vos me decís cuál es el objetivo y yo me preparo para eso. Mi mayor talento es no tener miedo. Me decís qué hay que hacer, me preparo y lo hago. Mi talento es ser buen producto”, resume.

La palabra juzgado, la expresión “asesor de menores”, entre otros son términos corrientes en su casa, porque Tati conoce su historia y Lizy quiere que a medida que lo necesite vaya sabiendo más. “No vamos a ocultarle nada”, afirma. “Mi marido estudia abogacía, él ya se está por recibir, y trabaja en la justicia. Y le propuso a la jueza leer la sentencia de la adopción en lenguaje claro delante de los compañeritos de Tati. Y a la jueza le pareció bien y lo hizo a través de un cuento”, repasa.

“Ahora estoy esperando el estreno de Annie para que sus compañeritos y sus familias vayan a verla y puedan entender la adopción desde la espectacularidad y el juego”, se entusiasma Lizy. “Me emociona de pensarlo. Las mamás y los papás del jardín fueron un sostén muy importante el año pasado. Me parecía que la vida no tenía sentido. Había pensado cada detalle de esta casa en función de Tati”, relata.

“Mi tema de la malvada me encanta”, confiesa. “Qué hice yo, no lo sé, no soporto más, son roñosas”, cita unas líneas de esa canción. “Lo que cuenta Annie me resulta muy caricaturesco con respecto a lo que yo vi en el hogar de Tati, donde todo era tan amoroso, con ciertas reglas y estructuras. Pero por otro lado, uno también escucha otras historias y te das cuenta de que son cosas que pasan, por ejemplo en un jardín de infantes o ni hablar del caso Lucio”, reflexiona.

Tiene experiencia sobre tablas. Hizo Cazafantasmas, Mi vecina favorita, Los bonobos, su unipersonal y ahora se prepara para Annie. “Entre las nenas está la hija de Campi. Yo la veía desde chiquita, cuando hacía con Campi Los bonobos”, dice. “Nico (Vázquez) es encantador”, señala sobre uno de los directores artísticos de Annie. Tanto le gusta el mensaje que baja Vázquez -del que valora sus trabajos y fue a verlo en Rocky-, que cuando les habla a las chicas del elenco, ella se acerca a escucharlo.

“Dice la psicóloga que no tengo que proyectar nada mío en Tati. El es él y yo soy yo: eso ya lo sé. Pero, oh causalidad, le suceden un montón de cosas que me sucedían a mí. Por ejemplo, si voy a un lugar, él se queda todo el tiempo mirando lo que voy haciendo y no se le ocurre hacer otra cosa. Y yo cuando era chica era igual. Si mi mamá trabajaba ocho horas, yo estaba todo el tiempo sentada al lado esperando que termine. Nos pasan un montón de cosas en común, que me llevan a mi infancia».

Y sigue: «Por ejemplo, la edad en la que cambiamos el apellido. De 5 para 6 años. Yo tenía el apellido de mi mamá, porque ella era mamá soltera; y a la edad que ahora tiene Tati me dio el apellido el hombre que se casó con mi mamá. Y ahora está en trámite el cambio de apellido de Tati, que va a llevar el apellido de mi marido. Todo bien convencional”, cuenta Lizy.

Y aunque dice que la explicación amerita un capítulo aparte, expresa: “Me encanta mi apellido Rojas, pero es una parte mía. Si yo llevara todavía en el documento el apellido de mi mamá, seguramente estaría en el documento de Tati también”, declara. “Y también por una cuestión de comodidad… Soy muy vaga. Cuando me preguntan por qué no me cambié el nombre en el documento, digo que es porque después tenés que ir a La Plata. Si el cambio fuera automático, lo haría feliz. Si no, no”, reconoce entre risas.

Información

Annie se estrenará el 19 de marzo en el teatro Broadway (Av. Corrientes 1155). Con producción general de RGB Entertainment, Preludio y Carlos Spadone, y dirección artística de Nicolás Vázquez y Gustavo Yankelevich, la obra promete ser uno de los estrenos más fuertes del año. La dirección está a cargo de Mariano Demaría.

Lizy Tagliani interpretará el papel de la temida Miss Hannigan, y Miguel Ángel Rodríguez será el multimillonario Oliver Warbucks. Los acompañará Julieta Nair Calvo en el rol de Grace Farrell, la secretaria que conecta los mundos opuestos de la historia.

La protagonista, Annie, será interpretada por Emma García Torrecilla, Paloma Leila Coso Ferro y Loana Muriel Martínez, quienes alternarán funciones para dar vida a Annie, una huérfana que vive en un oscuro orfanato bajo el mando de la cruel Miss Hannigan. A pesar de las dificultades, la niña mantiene intacta su fe en que sus padres regresarán por ella algún día. Su destino cambia cuando Grace Farrell la invita a pasar una temporada en la mansión de Oliver Warbucks, un empresario solitario y cascarrabias. El elenco se completa con Gustavo Monje, Ivanna Rossi y otros.

La obra

Annie, escrita por Thomas Meehan con música de Charles Strouse y letra de Martin Charnin, se estrenó en Broadway en 1977 y ganó el premio Tony al mejor musical. Su primera versión cinematográfica también es de 1982 -dirigida por John Huston-, y fue protagonizada por Albert Finney, Aileen Quinn y Carol Burnett, entre otros.

En 1982 desembarcó en el Lola Membrives de Buenos Aires y ahora, 44 años después, regresa con una nueva apuesta.

Desde su estreno original en Broadway, Annie se convirtió en uno de los musicales más queridos del repertorio internacional. Canciones como Tomorrow están en la memoria colectiva y representan un mensaje de esperanza.

El antecedente

La obra tuvo muchísimas reposiciones en diferentes países, incluso en Argentina se estrenó en 1982, en el Teatro Lola Membrives. Las niñas que participaron en ese montaje se eligieron a través de un programa televisivo conducido por Pinky (a su vez una de las productoras) Noelia Noto -hoy en día radicada en España – fue la protagonista. Entre las demás «huérfanas» se encontraban Eleonora Wexler y Nancy Anka. El resto del elenco protagónico lo completaban Raúl Lavié, María Alexandra, Jovita Luna, entre otros.

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